domingo, 18 de octubre de 2009

Que Dios te guarde...

- Gracias - me dijo
No me de las gracias, mejor...páguele a alguien más de la misma forma.


Iba por la carretera con lagrimas en los ojos, iba pensando en ti como siempre que regreso de trabajar, el trayecto de vuelta se presta para la reflexión y me gusta pensarme contigo, viajando, teniendo cosas en común y descubriendo la vida con tus ojos y corazón puestos en la mía...De pronto la vi, sacudiendo por encima de su cabeza un suéter rojo a la orilla de la carretera, aún estaba lejos del lugar unos 200 metros mas o menos y pude ver como ningún auto, camioneta o camión que pasaban cerca de ella se detenían a ayudarle.

Sigue...

    Un amigo me contó una vez su experiencia cuando se detuvo a ayudar a unas personas que tenían su auto detenido en el camino. Me contó que parecía se una pareja común y corriente, a la cual se les había ponchado una llanta en la carretera en la sierra de Durango. Se detuvo, el joven que estaba acunclillando a un lado de la llanta "ponchada" le mostró una sonrisa sincera por lo cual mi amigo pronto tomó confianza, él preguntó que era lo que les hacía falta a lo cual el joven respondió que necesitaban un gato para poder levantar el carro. Mi amigo colocó su auto en un lugar seguro del paso de los vehículos -a esa hora de la tarde pasaban muchos trailers sobre todo y no quería provocar un accidente mayor- y se dispuso a sacar la herramienta que le solicitaban los muchachos. Abrió la cajuela del auto, sintió un golpe en la cabeza y eso fue lo último que recordó hasta que despertó aún no sabe cuantas horas después, amarrado de pies y manos, amordazado y abandonado en una zanja entre el follaje como a 2 kilómetros de la carretera, sin auto,ni idea de donde estaba...aún así, contento de seguir con vida.

    Fueron segundos, en lo que la historia que me amigo me había contado pasó completa por mi cabeza y se encontró de frente con la imagen de esa señora a media carretera intentando hacer que alguien le ayudara sacudiendo cada vez con mas fuerza ese suéter bandera que tenía en las manos.
    Por alguna extraña razón algo me decía que debía detenerme a ayudarle -y lo hice- crucé al otro carril y bajé mi camioneta a la hondonada sonde por suerte había quedado su camioneta Ram- Charger con la llanta delantera izquierda totalmente hecha pedazos. Un joven alto y robusto como de 36 años salió entonces de la camioneta, la escena me fue recurrente y me hizo dudar de pronto si no estaba corriendo riesgos de más, pero omití el pensamiento y pregunté a la señora -¿en qué les puedo ayudar? ella no me dijo que necesitaban, me dijo -!eres un ángel del señor mijito¡, !muchas gracias¡, recordé a mi madre entonces, me dolió sólo de pensarla en una situación igual y sin socorro de ningún tipo - que angustia-. Le dije a la señora -con todo gusto, sra. dígame que es lo que necesitan, si está en mis manos con gusto los ayudo- fue entonces cuando el joven (que era su hijo, después supe ) se acercó y me dijo -¿ Traerás un gato y una cruceta hermano?- a lo que le contesté que sí y estaba seguro de ello porque precisamente un día antes lo solicité en mi trabajo porque me habían cambiado de camioneta y la que me dieron no tenía; así que puse la camioneta en parking y me dispuse a bajar de ella; abrí la puerta trasera para levantar los asientos y buscar el gato y la cruceta.
    Le dí al joven los aditamentos que precisaban para cambiar la llanta la cual había quedado destrozada por haberla rodado ya ponchada. Observé inmediatamente un problema - la medida de la palanca para quitar los birlos de mi camioneta no era igual a los de su llanta... Así que podíamos levantar la camioneta pero no podíamos quitar la llanta -!valgame la fregada¡- pensé dentro de mí y comenté al respecto al afanoso joven que se entretenía en poner el gato que de todas formas después tuve yo que acomodar correctamente, -La medida de los birlos es distinta a la de la palanca de mi camioneta, no te servirá, a lo que exclamó con angustia -no me digas eso- , -¿y ahora como le hacemos?

    Mientras comentábamos cosas triviales como las que dice la gente cuando se conoce poco y tiene mucho compromiso de quedar bien la sra y yo nos dirigíamos al poblado próximo a donde tuvimos que ir a comprar la cruceta de la medida adecuada para el birlo de la llanta de su camioneta -me cansé de vivir en donde vivía- me dijo, -el desarrollo no llega para allá, ni siquiera por que es un puerto turístico- y que chico es el mundo pues resulta que en mi juventud yo viví en esa ciudad una de las épocas más entrañables de mi vida. Así que teniendo un tema común de por medio empezamos a hablar de lugares, cosas recordando aquel lugar. Observamos la primer refaccionaria a la entrada del pueblo, bajamos de mi camioneta y preguntamos por la herramienta (cruceta) que se ocupaba, a lo cual el encargado del establecimiento nos dijo que si contaba con dos tipos pero al mostrarnos los precios la sra. optó por buscar una un poco más barata no sin antes preguntarme si no era mucha molestia que la llevara a buscarla mas adelante, a lo que respondí que -claro que no- en realidad nada me costaba hacerlo ya que de cualquier forma estábamos dentro del pueblo y este tiene la particularidad de que una vez que entras en él prácticamente le tienes que dar la vuelta completa para poder salir de nuevo a la carretera. Llegamos a una de la precarias tienditas de esas que tienen "de todo un poco" y encontramos la cruceta ideal "buena, bonita y barata" (al menos no tan cara) y caminamos al lugar en donde habíamos dejado estacionada mi camioneta para tomar camino de regreso a donde habíamos dejado a su hijo creyendo en un perfecto extraño y confiando que traería a su madre con bien de regreso con lo necesario para cambiar la llanta ponchada.
    Fue cuando emprendíamos el retorno cuando la sra. una de las cosas mas bonitas que me ha dicho una persona -Que Dios te guarde hijo-, -¿cómo me dijiste que te llamabas?- y yo contesté, me llamó por mi nombre y dijo - Que Dios te guarde y que nunca deje entrar en ti el egoísmo ni la indiferencia-, -eres un ángel ¿sabes?- a lo que yo solo atiné a sonreír apenado, la verdad es que hacía todo eso de una forma desinteresada y empática ya que también he sido afortunadamente ayudado por muchas personas en mi vida.

    La llanta quedaba algo chica pero servía, al menos para llegar a la vulcanizadora mas próxima y comprar aunque fuera una llanta usada mas adecuada para continuar el viaje...Yo me fui con sincero un beso en la mejilla y el corazón reconfortado; casi había olvidado lo bien que se sentía...y volví a llorar.


    JP Arzacc


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